Jonathan Báez Valencia
Entre 2023 y 2024 la pobreza laboral aumenta, pasa de 19,74% a 21,06%. Esto quiere decir que casi dos de cada diez trabajadores y trabajadoras se encuentran en situación de pobreza. Por otra parte, al profundizar más el análisis se observan las diferencias existentes por categoría de ocupación. En 2023 los empleados del sector privado en situación de pobreza alcanzan el 5,64% mientras que las personas que trabajan por cuenta propia este valor es del 22,41%. Para 2024 estas cifras aumentan a 6,37% y 23.77% respectivamente. De esa manera, se muestra cómo la intensidad de la pobreza laboral es diferenciada, pero se incrementa como tendencia en el país.*
Dicha situación es sumamente preocupante pues muestra el deterioro del bienestar, en el que tener un trabajo ya no es garante de escapar de la pobreza, en palabras de Joan Subirats (2022), existe una:
proliferación de situaciones en las que determinados colectivos permanecen en situación de pobreza a pesar de estar trabajando. Es el caso de la pobreza laboral, encarnada por los denominados working poor [trabajadores y trabajadoras pobres] o in-work poverty [pobreza activa]. La concepción tradicional del empleo lo situaba como garante del bienestar de manera multidimensional y, en cambio, concebía la pobreza como básicamente ligada al desempleo y a la inactividad laboral[1]
Es de esta forma que la situación laboral en el país se encuentra marcada por condiciones que conducen a la pobreza de trabajadores y trabajadoras. Desde luego, la otra cara de la moneda es que existe cierto sector empleador que juega con la desesperación de miles de personas en estas condiciones obligándoles a aceptar condiciones no decentes de empleo para el caso de las personas asalariadas y mantenerse en este camino para las personas con trabajo autónomo. Y esto permite que el excedente se quede en pocas manos, mientras varias de estas manos se quedan vacías esperando mejores días.
Si las políticas económicas están dirigidas exclusivamente para el sector empleador, porque quiénes comandan el Estado vienen de este mundo, la situación probablemente no será diferente y cómo muestran los análisis aquí presentados cada vez se intensifica más. Es por ello que es indispensable repensar la dinámica del mundo del trabajo en clave de quiénes forman las decisiones y por supuesto encaminarse a procesos de protección del bienestar de las personas para que puedan integrarse a empleos y trabajos dignos, sin señales de que les van a mantener en la pobreza, pues esto se vuelve un ciclo sin fin en que generaciones quedan atrapadas reproduciendo estas condiciones. Por su puesto esto implica políticas de minimización del desempleo y para estas personas en dicha condición protección estatal. Un camino solo posible si el Estado está al servicio del bienestar de todas las personas que históricamente han acumulado desventajas y no de aquellos que durante generaciones han acumulado ventajas.
* Coeficiente de variación menor al 15%.
La palabra Ecuador proviene de aequator, que significa “igualador”. No obstante, hoy el país es sinónimo de desigualdad.
En efecto, el espacio “aecuatoris” tiene como misión ser un agente igualador, que reinvindica la noción de equidad contenida en nuestro nombre a través de una serie de iniciativas expresadas en un conjunto de laboratorios y cursos que ofrecen a sus participantes investigaciones y análisis rigurosos, una formación profunda y que no deja de lado el entretenimiento. Todos estos elementos están a su disposición con el fin de fomentar la búsqueda de un Ecuador menos desigual en todas sus expresiones y, por lo tanto, más justo para todos y todas sus integrantes. Les invitamos a que juntos seamos igualadores, y que los insumos de aecuatoris les acompañen en ese camino.
Jonathan Báez Valencia
Fundador
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